Mostrame mis números Escribime por WhatsApp
Volver al registro Tomo I · iii de iii

Inmobiliaria Inmobiliaria • 2024

Contesta solo lo que puede verificar en la ficha. El precio lo sigue diciendo una persona.

Panel del sistema de la inmobiliaria: a la izquierda la conversación de WhatsApp, donde el cliente pregunta el precio y el sistema contesta que se lo confirma un asesor; en el centro el catálogo único de propiedades con código, zona, precio y estado; a la derecha la ficha de la propiedad, con los campos que el sistema puede contestar solo y los que quedan reservados a una persona.

La solución

Qué cambió.

Antes

Tres personas contestaban entre 15 y 30 consultas por día por WhatsApp, con 60 propiedades cargadas en un Excel. Fuera de horario no contestaba nadie, y la misma pregunta volvía todos los días.

Ya habían probado un bot y lo apagaron a los pocos días: inventaba precios y prometía cosas que después no podían cumplir. El problema no era que contestara poco — era que no había forma de saber qué iba a decir.

Después

El catálogo pasó del Excel a una base donde cada campo está clasificado: público, de una persona, o interno. La conexión con la que el sistema arma sus respuestas sólo trae los públicos, así que el precio y la dirección exacta directamente no le llegan: no puede decirlos aunque se lo pidan.

Lo que puede verificar contra una ficha lo contesta solo, a cualquier hora. Lo que no —precio, permuta, crédito, cualquier cosa legal— lo deriva antes de redactar una palabra, con la ficha del interesado ya cargada con lo que el cliente escribió y la cita textual al lado. Y si el sistema quiere escribir primero, el mensaje espera la firma de una persona.

Lo que quedó funcionando
  • Agente de WhatsApp que contesta solo, y sólo con datos de una ficha
  • Cada campo clasificado en público, de una persona o interno — y lo hace cumplir la base
  • Ocho temas reservados que derivan a una persona antes de redactar nada
  • Ficha del interesado que se llena sola, con la cita de dónde salió cada dato
  • Interesados ordenados por puntaje, con el desglose escrito al lado
  • Bandeja de borradores: nada que inicie el sistema sale sin que lo apruebe una persona
  • Pedidos de tasación con la demora a la vista, y bitácora de cada decisión
Dos conversaciones de WhatsApp, una sobre otra, dentro del panel de la inmobiliaria. Arriba, rotulada «lo contesta solo», un cliente pregunta si sigue disponible la casa de tres dormitorios del barrio Centenario y el sistema contesta que sí, con los ambientes, los dormitorios, los baños y los metros; debajo va la ficha de donde salió la respuesta, código V-001, con el precio marcado como reservado a una persona. Abajo, rotulada «siempre deriva», el mismo cliente pregunta por dónde anda el número de esa casa: el sistema contesta con una frase fija que dice que el valor se lo confirma un asesor, queda la marca de que el tema es reservado, la conversación pasa a una persona y la vendedora entra a ese mismo hilo. Al pie, la explicación de que el clasificador corre antes de redactar, así que en un tema reservado no hay respuesta que descartar: no se escribe.
La pantalla de clasificación de campos del panel, al lado de lo que el sistema efectivamente ve. A la izquierda, campo por campo con su nombre técnico: zona, dormitorios, superficie y estado marcados como públicos; precio, dirección exacta y datos del propietario como reservados a una persona; y las notas internas en rojo, con un candado y la aclaración de que no se pueden reclasificar. A la derecha, la proyección de la propiedad V-001 tal como le llega al sistema: nueve campos con su valor, y precio, dirección exacta, notas internas y datos del propietario con la leyenda «no está».
La ficha del interesado, debajo del mensaje que la originó. Arriba, la clienta se presenta, dice que vio la casa por Instagram, que buscan para vivir con tres dormitorios mínimo y que su presupuesto subió de 150.000 a 200.000. Debajo, un aviso ámbar marca la contradicción en el presupuesto, cita las dos frases y ofrece elegir uno de los dos valores o cargar otro. Abajo, los nueve campos de la ficha: cinco cargados y resaltados, cada uno con la cita textual de donde salió, y cuatro sin dato, con el borde punteado. Al pie, la nota de que sólo se guarda lo que aparece textual en el mensaje y de que un campo vacío nunca pisa uno ya guardado.
La lista de interesados del panel, ordenada por puntaje. La primera fila está abierta y muestra el desglose completo, criterio por criterio: más veinte por presupuesto declarado, más veinticinco porque hay una propiedad disponible dentro de ese presupuesto, más treinta por haber pedido visita, más quince por plazo corto, más diez por no necesitar crédito y menos quince por cinco días sin respuesta del negocio, con el total de ochenta y cinco puntos. Cada línea lleva el hecho que la disparó y una marca de confirmado o propuesto. Debajo, otras tres fichas con su estado y su puntaje. Al pie, la nota de que los ocho criterios los edita el dueño y de que nunca hay un puntaje sin explicación al lado.
Arriba, la bandeja «para hacer» del panel con sus seis grupos y el contador de cada uno en texto plano: un borrador frenado por una regla, dos conversaciones sin atender, dos interesados prioritarios sin contactar, las visitas todavía sin construir, una tasación demorada con sus seis días en rojo y un cruce de propiedad sin revisar. Abajo, un borrador que el sistema quiere mandar: el texto completo en una caja editable, el motivo por el que se generó, el aviso de que el cliente escribió después con su casilla de confirmación ya tildada, y los botones de aprobar y mandar o descartar, con la aclaración de que se aprueban de a uno.

Resultados

Lo que dejó de mandarle al modelo.

Cada mensaje que entraba viajaba con el catálogo entero: las 60 propiedades del Excel y los seis documentos de reglas, completos, aunque la pregunta fuera por una sola casa. Hoy viajan como mucho cuatro fichas —las que la búsqueda encontró para ese mensaje, y sólo con sus campos públicos—. Medido contra la API real sobre la misma consulta, el prompt pasó de 8.823 a 779 tokens: un 91 % menos. Es una cifra medida y no estimada, y es la única que publica esta ficha: el costo en dólares que el sistema también registra se apoya todavía en una muestra de tres llamadas, así que espera afuera hasta que alcance. Lo que no va acá es un ahorro en horas: eso lo mide la inmobiliaria, no el sistema.

La pantalla de costo del panel, mostrando lo que el sistema le manda al modelo. Arriba, tres datos: 779 tokens por consulta, contra los 8.823 que iban antes; un 91 % menos por la misma pregunta, medido contra la API real; y lo que entra hoy al prompt, hasta cuatro fichas y veinte mensajes de contexto. Abajo a la izquierda, las dos barras del antes y el después, con la explicación de que antes viajaban las 60 fichas del Excel y los seis documentos de reglas completos, y de que hoy viajan sólo las que la búsqueda encontró para ese mensaje. A la derecha, las llamadas al modelo que dispara una consulta, agente por agente, y la lista de lo que nunca entra al prompt: precio, dirección exacta, notas internas y datos del propietario.
Siguiente proyecto Serotoninn

¿Tenés el mismo problema?

Pedí tu auditoría gratis

Sin costo y sin compromiso. Te queda el informe, trabajemos juntos o no.